Con 97 años, Carmen Vega Torres ha demostrado que nunca es tarde para aprender. La vecina de Santa Lucía de Tirajana es la alumna de mayor edad del Centro de Educación de Personas Adultas (CEPA) de Santa Lucía casco y también de toda Canarias, convirtiéndose en un ejemplo de superación, constancia e ilusión por seguir formándose.
Su historia comenzó hace casi un siglo, cuando, siendo apenas una niña, tuvo que abandonar los estudios para ayudar a su familia. Hija de agricultores, como tantos niños y niñas de su generación, dejó la escuela para colaborar en las tareas del hogar y del campo. Años después formó una familia junto a Eusebio López, panadero de la zona alta del municipio, con quien sacó adelante a sus tres hijos, Eusebio, Carmen Rosa y Heriberto, además de disfrutar de seis nietos.
Aunque la vida la llevó por otros caminos, nunca dejó de pensar en aquel sueño que tuvo de pequeña. «Si hubiera podido estudiar, me habría gustado ser maestra», recuerda con emoción. Hoy, muchas décadas después, ha encontrado en el CEPA la oportunidad de recuperar aquella ilusión y demostrar que el deseo de aprender no entiende de edades.
El alcalde de Santa Lucía de Tirajana, Francisco García, y el concejal de Educación, Mario Bordón, acudieron al centro para felicitar personalmente a Carmen por convertirse en la estudiante más longeva de Canarias. La recibieron con un ramo de flores y varios obsequios, un reconocimiento que ella agradeció con una enorme sonrisa.
Vestida con un elegante conjunto verde y negro y un pañuelo del mismo color, Carmen aseguró que acudir a clase se ha convertido en uno de los momentos más importantes de su vida. «Cuando estoy en clase me encuentro como en familia. Yo recomendaría a la gente mayor que, en lugar de quedarse en casa viendo la televisión o perdiendo el tiempo con tonterías, salga, conozca gente y aprenda cosas nuevas», afirmó.
Pese a su experiencia y a su edad, reconoce que sigue sintiendo los mismos nervios que cualquier estudiante. «Me pongo nerviosa cuando preparo los trabajos o cuando no entiendo alguna cosa, pero después me relajo cuando los termino y se los entrego al profesor», explica entre risas.
Su vida también ha estado marcada por momentos difíciles. Hace algunos años perdió a una de sus hijas, una experiencia que afrontó con la fortaleza que siempre la ha caracterizado. Aun así, mantiene una actitud optimista ante la vida. «La vida es dura y larga, pero hay que aprovecharla», resume.
Durante el homenaje también estuvo presente su hijo, Antonio Eusebio, quien no ocultó el orgullo que siente por su madre. «Lo único que pedimos es poder disfrutarla muchos años más. Es un ejemplo para todos nosotros. Que siga estudiando mientras tenga ganas y continúe entreteniéndose con sus compañeras», señaló.
El alcalde Francisco García destacó que Carmen representa a la perfección el valor del aprendizaje permanente. «Es un ejemplo de vida y una demostración de que el saber no ocupa lugar. Nunca existe una edad para seguir aprendiendo. Además, en Santa Lucía casco se vive una convivencia muy especial y el CEPA es un lugar donde, además de aprender, se fortalecen los lazos entre vecinos y vecinas».
Por su parte, el concejal de Educación, Mario Bordón, puso en valor la importancia de la educación pública a cualquier edad. «Carmen nos recuerda que el derecho a la educación debe acompañar a las personas durante toda su vida. Es un ejemplo de que siempre hay oportunidades para seguir creciendo y aprendiendo».
Desde el propio centro educativo, su director, Juan Jesús Moreno, destacó que probablemente Carmen sea la alumna de mayor edad de todos los centros de educación de personas adultas del país. «Lo admirable no es únicamente su edad, sino la ilusión, la constancia y las ganas con las que acude cada día a clase. Es un ejemplo para todos».
La jefa de estudios, Feli Martel, también quiso destacar su calidad humana. «Es una mujer muy inteligente, trabajadora, constante y con una enorme capacidad de superación. Ha vivido momentos muy difíciles y siempre transmite serenidad, optimismo y ganas de seguir adelante».
Ese cariño también se refleja entre sus compañeras. Adelaida León la define como «una gran señora» y asegura que compartir aula con Carmen es un privilegio. «Que Dios le dé muchos años para que siga viniendo a la escuela y continúe dándonos ejemplo a todos».
El acto concluyó entre aplausos, abrazos y muchas sonrisas. Antes de despedirse, Carmen volvió a dejar claro cuál es su intención mientras la salud se lo permita. «Mientras me admitan en la escuela voy a seguir viniendo, porque aquí todas las alumnas son conocidas y yo las siento como una familia».
A sus 97 años, Carmen Vega no solo ha recuperado el tiempo que un día le arrebató la vida, sino que se ha convertido en un símbolo de que nunca es tarde para cumplir un sueño. Su historia demuestra que aprender no tiene edad y que la ilusión puede mantenerse intacta durante toda una vida.
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