Ni siquiera el hecho de celebrarse en viernes y en jornada laboral impidió que miles de personas se dieran cita un año más en El Charco de La Aldea para participar en una de las celebraciones más esperadas y multitudinarias de las fiestas en honor a San Nicolás de Tolentino.
A las cinco de la tarde, el sonido del tradicional volador marcó el inicio de la fiesta y, tras prenderlo el alcalde, la multitud que aguardaba tras la raya de seguridad se lanzó al agua para vivir uno de los momentos más emblemáticos de la jornada. En cuestión de segundos, El Charco se llenó de personas dispuestas a empaparse, cubrirse de barro y disfrutar de una tradición profundamente arraigada.
La pesca de lisas volvió a ser uno de los principales protagonistas, manteniendo viva una costumbre vinculada a antiguas técnicas de pesca utilizadas por los primeros pobladores de Canarias. Para muchos participantes, sin embargo, la experiencia va mucho más allá de la propia captura y representa una forma de reencontrarse con las raíces, la identidad y las tradiciones del pueblo.
La imagen de El Charco completamente abarrotado de gente volvió a convertirse en una de las estampas más características de las fiestas aldeanas. Aldeanos y visitantes compartieron una jornada marcada por el calor, la diversión y el ambiente festivo.
Una vez más, esta singular celebración demostró su enorme capacidad de convocatoria y reafirmó su condición de una de las fiestas más representativas y esperadas de La Aldea de San Nicolás y de toda Gran Canaria.
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